Mi señal

Así como Isabela, ando en busca del camino que seguir en esta vida y para ello espero mi señal.
Siguiendo mi intuición abrí este blog y publiqué algo que empecé a escribir hace ya meses... y ahora tan sólo espero a mi señal, a quitar ese papel mojado de mi mochila que me indique el camino.
Por cierto, te doy la más cálidas de las bienvenidas, espero que disfrutes y sigas las señales.

jueves, 5 de agosto de 2010

Isabela comienza

Recién se había mudado a Londres tras haber dejado atrás su vida de estudiante en su isla natal emprendía ahora una aventura, ilusionada y algo aterrada se preguntaba que sería de ella…
Isabela confiaba en el destino, esperaba fielmente las señales que la guiaran siempre, era como un juego para ella. Ahora mismo necesitaba una y de las grandes y claras… no sabía qué hacer con su vida en qué trabajar… tenía tantas historias en su mente revoloteaban girando a su alrededor… sentada esperaba la señal… 
El dinero no lo era todo para ella pero deseaba tener lo suficiente como para no depender de su familia y poder permitirse su buena vida… esperaba, hasta que decidió actuar, al principio no sabía muy bien qué hacer, andaba algo desorientada pero confiaba en el destino y en su intuición, y así fue como había tomado el primer vuelo a Londres.
Ella sonreía mientras miraba por la ventana, sentía la inspiración brotar por cada uno de sus poros y la dejaba correr. Sentada ya en el banco de la estación con un ligero equipaje de mano se preguntaba dónde estarían ahora su padre y su hermano, quizás tomando algo en el bar donde solía ir siempre cuando era una niña. Suspiraba y pensaba en cómo las cosas habían cambiado, luego brotó nuevamente la sonrisa al darse cuenta que lo había conseguido había salido, había seguido su impulso y había salido de la ciudad, ahora se preguntaba cual sería el siguiente paso, todo parecía ser un juego al que ella estaba encantada de jugar, tan solo esperaba la siguiente señal. Un cartel azul se iluminó de repente lo que llamó de inmediato su atención “¿cuál es tu objetivo?” era su título, ella lo miró y sonrío mientras murmuraba “no lo sé…” titubeó y entonces fue cuando vio como un muchacho corría por las vías del tren mientras se reía, el joven de un salto subió al andén justo en frente de ella, se abrochó la cremallera de su chaqueta azul, se puso el pasamontañas sobre una visera gris que llevaba, metió sus manos en los bolsillos, levantó la vista la miró y sonrió, dio media vuelta y salió por las escaleras a paso rápido. Isabela sonrío absorta en el chico y se dispuso a seguirlo. Se levantó rápidamente y cargó su mochila a un hombre mientras corría por las escaleras con el fin de encontrarse con él en los pasillos del metro. Bajó rápidamente las escaleras y observó frente a ella dos desviaciones, volvió a titubear cuando de repente vio al final de una de ellas el color azul de una chaqueta, se disponía a correr en ese dirección cuando se resbaló con un papel mojado en el suelo, antes de llegar a caerse un señor mayor vestido con un abrigo largo muy desgastado y unos guantes rotos la sostuvo de un brazo, “tranquila joven, no debería seguir por este camino” y con una sonrisa afable se despidió mientras ella se recomponía y algo absorta le daba las gracias, dispuesta a reanudar su carrera por el pasillo volvió a resbalar y calló de rodillas sobre el suelo mojado, maldijo en silencio mientras se levantaba enfadada y al recoger su mochila del suelo despego un papel de periódico mojado en el que pudo leer “change it” con una flecha en dirección opuesta a la que ella había escogido, “ok ok I got it, pero no hacía falta que me diera de bruces” Isabela tomó esta vez el otro desvío y corrió hasta el final del mismo allí se encontró con que tenía que esperar a que se desatascara la salida que se hallaba taponada de gente por algún incidente. Algo contrariada se sentó y dejó su mochila en el suelo, reposó su cabeza en la pared y preguntó “¿y ahora qué?”… “¿a quién preguntas?” se escuchó una voz masculina, cuando Isabela se incorporó pudo ver como el chico se acercaba desde la topera que parecía ahora mismo la salida del tren, ella sonrió incrédula ante la sonrisa confiada de él, siguió de largo y la miró de reojo, esperando obtener alguna respuesta, al no conseguirla siguió su camino en dirección contraria a la salida, Isabela no sabía qué hacer así que tomó su mochila se levantó y lo siguió, animada por el tórrido encuentro con aquel extraño anduvo tras de él mientras él se giraba de vez en cuando a ver si aquella figura femenina lo seguía un metro y medio tras de él. Bajaron por un túnel que daba acceso a la salida posterior del metro una calle más bien amplia totalmente empedrada, estaba lloviendo pero eso no hizo que ninguno de los dos aceleraran el paso, ambos siguieron caminando por las viejas vías de un tranvía en desuso. “¿Extrañas a tu familia?” Preguntó de repente aquel joven, Isabela se detuvo en seco, fue su voz, no la pregunta lo que la hizo detenerse, esa voz en aquel lugar sintió como un escalofrío la recorría, escuchó una música y un suave aroma a jazmín invadió sus sentidos.
Dos horas más tarde, Isabela despertó en una casa totalmente extraña, abrigada con un edredón y algo aturdida preguntó “¿dónde estoy?” sin saber a quién preguntaba. 
"En mi casa".